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viernes, 4 de enero de 2008

Nadando entre palabras

Cuando era chiquita mi mamá tenía un kiosko ("el koskio" decía yo) y solía viajar a Capital cada dos meses, para hacer algunas compras de mercadería.
En esas ocasiones decía:
- Me voy a Patricios (refiriéndose así, a los negocios de Av. Patricios en Barracas), ¿que querés que te traiga?
- Cualquier cosa... (respondía yo).
En el fondo sabía que mi mamá traía lo que podía y para mí eso estaba bien. A veces la sorpresa era simplemente ropa (alguna remera, un par de medias Ciudadela para la escuela, pañuelos, etc. etc.), pero en otras ocasiones aparecía con algún librito para leer y pintar que para mí era como un tesoro. Desde entonces los libros son algo mágico, no solo me permiten zambullirme en un mundo nuevo y descubrir cada vez una historia distinta, sino que además establecen una conexión con el escritor más allá del tiempo y del espacio, que me resulta sublime.
Recuerdo que en mi adolescencia quería empezar a trabajar para poder comprarme música (cassettes en esa época) y libros. Hoy en día, tengo la seguridad de que no voy a llegar a leer todos los libros que tengo y a pesar de todo sigo comprando.
Como disfruté muchísimo en mi infancia (y sigo disfrutando) de los libros, desde que nacieron mis sobrinas les fui regalando libros cada vez que tuve oportunidad. Hace dos años, gracias a una maestra de tercer grado, descubrí una colección de cuentos y novelas de Alfaguara que está clasificada por edades de los 6 años en adelante y tiene títulos y autores de excelente nivel.
Este año, buscando en esa colección, encontré "A nadar con María Inés" y hojeando el libro para ver de qué se trataba, descubrí que la autora: Griselda Gambaro tomó la historia de la nadadora María Inés Mato y la transformó en un cuento para chicos de 8 a 11 años.
Ilustraciones: Douglas Wright
La pequeña María Inés creyó que, al perder su pierna en un accidente, su vida ya no sería la misma. Sin embargo, poco sospechaba ella que todo cambiaría para siempre dos años más tarde, cuando aprendiese a nadar y encontrase en el agua una aliada y compañera de aventuras. Así cuenta Griselda Gambaro la historia de María Inés Mato, nadadora de aguas abiertas, y se desliza, con palabras, junto a esta mujer valiente y tenaz en cada una de sus hazañas.
ISBN: 978-987-04-0676-1
Precio: $ 16.90
Páginas: 96
(El trato con mi sobrina fue que antes de que terminen las vacaciones, me tiene que contar de qué se trata y que le pareció la historia; así que en un par de meses publicaré su crítica)

miércoles, 19 de diciembre de 2007

Cuentos de fantasmas

Si hay algo maravilloso en los blogs, es que uno puede encontrar, en palabras de otros, lo que no es capaz de decir. En mi recorrida diaria por mis rincones preferidos encontré un texto que me dejó sin palabras (porque describe claramente parte de mi corazón sin conocerlo). Gracias a Guillermo Hernandez por compartirlo y cuando puedan visiten Era Chino que no tiene desperdicio...
Ghosts
No me asustan los fantasmas. En las películas y en la vida. Los fantasmas que se ven y los que nó. Los que aparecen en los sueños y los que se nos presentan en la vigilia. Los espectros feos y los lindos. Los muertos y los vivos. Éste blog ya tiene un fantasma. Sólo unos pocos lo vieron. Podrán contar lo que leyeron, pero ya hay otros que aseveran que no existió. Yo no recuerdo nada. Las fiestas son épocas de presencias. Extraño mucho a mis muertos. A los fallecidos y a los vivos. Añoro algunas cosas que murieron en mí. Tengo 45 años y la única certeza que me habita es que un día me voy a morir. Tengo mucho para vivir. Muchas cosas que no he hecho aún. En las películas, generalmente, a los fantasmas se los erradica resolviendo sus misterios. ¿Cómo se hace en la vida real? ¿Cómo borro los recuerdos fantasmales? Los de vivos y los de muertos. Los muertos de mi vida los alojo en mi alma. Mi madre, mi padre, mis abuelos, algunos amigos, compañeros, tíos, todos son recuerdos que transitan mis entrañas. Sin dañarme, sin lacerarme. Son mis muertos. Me habitan, los extraño. Los fantasmas de los vivos me inquietan. Son presencias indelebles. No por gloriosos, esos espectros aún conservan sus lugares. Cada uno tiene un grito. Están los que suenan como barcos en en mar, los que apenas son audibles y los que dejaron de gritar. Cada uno tiene un ruido, un sonido que obliga a recordar. Haber vivido, simplemente, me ha llenado de presencias. A veces me siento como un enorme cementerio, en el cual todo el día danzan esos nombres, aferrados a los ojos que aún intento olvidar. Danza loca, alegre, de imágenes que se detuvieron en el tiempo. Danza que disfrutan los que ya no son, plasmados en mis recuerdos como ayer. Rostros, piernas y manos que no volveré a ver. Fantasmas...vivos y muertos...ya no me asustan más. (Publicado por Guillote)

jueves, 13 de diciembre de 2007

Asfixia

El hombre que saca la cabeza del agua,
es un pez y se asfixia.

El pez que mete la cabeza en el agua,
es un hombre y se ahoga.

El poeta escribe en la línea del agua,
y se asfixia,
y se ahoga.

lunes, 3 de diciembre de 2007

Nadador...

Faltaban unas pocas horas para que “nadador” se lanzara por enésima vez a las aguas marrones del Paraná, en ese momento sus amigos le preguntaron si esta era la última travesía que iba a realizar, no podía mentirles porque nunca lo había pensado y volvió a repetir la respuesta de siempre, es la penúltima. Y por si existieran dudas, hizo la broma de costumbre, no se preocupen ...voy a nadar hasta los cien años, hacía poco había cumplido 66, y la pregunta tenía su fundamento en este hecho irrefutable del paso de los años a los que él parecía no prestarle atención. Se mostraba sereno, conciente que más allá del lugar cronológico que ocupara este intento, sería el más duro de todos los que le había tocado enfrentar en su larga trayectoria de nadador, se había preparado durante meses y cumplido puntualmente el trabajo gris del entrenamiento, sin el cual es imposible abordar semejante empresa, su estado físico era excelente, nunca antes se había sentido tan bien, sin embargo en su fuero más íntimo sabía que esto sólo no bastaba, que había algo que era difícil resolver, ni siquiera los especialistas habían podido encontrar una respuesta adecuada, su cuerpo lo había experimentado en más de una ocasión, cuando transcurren las horas lo físico pasaba a un segundo plano, cuántas veces lo había charlado con otros nadadores, si hasta había dado lugar a acaloradas discusiones. Después de las diez horas de nado el cansancio llega inexorablemente, se comienzan a sentir dolores insospechados, unos pasan por momentos y se incorporan otros, internamente el físico resiste al esfuerzo y se instala una incomodidad que da lugar a una lucha que se mantiene presente durante toda la travesía. En ese cuadro de situación comienzan a surgir fenómenos síquicos muy difíciles de dimensionar y controlar porque están en la esfera de la conciencia y dependen de la mente, del corazón y de convicciones profundas de cada individuo que es quien necesariamente debe construir su propia defensa, de lo contrario sucumbe. En una travesía de más de cuarenta horas sobra el tiempo para pensar, y Nadador necesita volver a sus orígenes porque esos recuerdos reavivan sus fuerzas y lo alientan a seguir. Aprendió a nadar por la imperiosa necesidad de ganarse el sustento, así se había entablado esa relación primera con el agua que lo había signado para siempre, zambullidor avezado, capaz de andar varios minutos bajo el agua y arrancar del fondo de la laguna el blanco nácar de las conchillas, ahora que sus brazadas se hundían en el río milenario, comprendía esa fusión mágica con el agua. Allí, en el líquido elemento estaba su razón de ser, en esta lucha titánica que había emprendido se sentía contenido y protegido, el río era su más temible adversario pero al mismo tiempo su gran amigo, promotor de esta pasión que guardaba desde la niñez y que ahora rememoraba a cada instante. Veinte horas cuarenta minutos le marcaron con precisión desde el bote, se alimentó, acomodó sus antiparras y siguió nadando, su cabeza operaba como una computadora, el cálculo era casi exacto, había lanzado 72.600 brazadas y le faltaba otro tanto, en ese momento lo invadió un terrible malhumor y comenzó a maldecir una y otra vez el haberse lanzado a pelear al río.¿ Pero acaso no era su gran amigo, qué juego diabólico era este donde quemaba sus energías buscando alcanzar la meta que se había propuesto ?... nadie contesta...y se da cuenta que está solo. A medida que pasan las horas Nadador busca casi con desesperación romper la soledad y la monotonía del nado, hay que alimentar la mente y el espíritu, de lo contrario no hay fortaleza ni coraje para vencer. ¿Pero de dónde sacar el alimento capaz de llevar al hombre a despojarse de lo humano hasta negarse a sí mismo?¿De dónde sacar el plus esfuerzo que lo transporte a otra dimensión? ...tampoco hay respuesta... está sólo Nadador. Ya ha llegado la noche larga y oscura, la sombra de los montes le lanzan desde la costa figuras fantasmales que se reflejan en el agua y lo cubren totalmente hasta hacerle perder el sentido de la ubicación, nunca esperó con tantas ansias la llegada del día para que los rayos del sol calienten su cuerpo. Desde el bote sus amigos lo alientan y tratan de animarlo, pero no pueden mentirle, la advertencia es casi una imploración, se caen las piernas, estás nadando parado. Nadador sabe que eso es terrible, porque cuando ocurre el agua le llega a la boca y la respiración se hace difícil y penosa, además es una señal que ya conoce, porque lo que le sigue es el cansancio profundo que anula casi totalmente sus fuerzas y le impide mantener su cuerpo horizontal. La idea negativa de abandonar se comienza a cruzar una y otra vez por la cabeza, ha llegado el momento crucial, su físico está totalmente agotado, sólo en su mente está la salvación, hay que pensar en positivo, afirmarse en los grandes ejemplos, porque sólo ellos pueden ser el alimento espiritual que ayuden en este trance a mantener la lucha hasta vencer. Sólo los grandes espíritus templan al espíritu. En este momento, están todos convocados. En el bote hay algarabía, Nadador sale del abismo y vuelve a nadar a 64 brazadas por minuto, y sólo le falta una hora para tocar el punto de llegada, ¿de dónde han salido estas fuerzas que ahora lo empujan como un soplo mágico?¿qué misterio encierra la naturaleza humana?¿de dónde sale este empecinamiento del hombre por vencer y superarse?. Nadador sigue nadando, sus brazos son lanzados unos tras otros con una fuerza desconocida, es evidente que ya no está solo, ni tampoco es él.

En este punto exacto donde se confunde lo real con lo irreal es donde comienzo a encontrar el sentido de mi nado, ya estoy llegando a la meta, el tiempo se me vuelve inmenso y cada minuto es una eternidad. El lugar de llegada se mezcla en la mente con recuerdos y cosas queridas que ya no están pero que han quedado grabadas para toda la vida en lo más recóndito de mi conciencia, puedo ver a mi madre en una nube blanca aplaudiendo mi llegada, también a mi vieja abuela con su fe mística prendiéndole velas a sus santos adorados para que todo me vaya bien, veo todo tan nítido y tan cerca que me parece estar con ellos, los muertos viven entre los vivos y también nos ayudan. Estas sensaciones son tan fuertes que estoy casi obnubilado y quisiera quedarme así para siempre, sin embargo lo que prima en mi mente es llegar...llegar... esta idea bulle en mi cabeza hasta convertirse en una obsesión, de repente cambia todo, ya no veo a mis seres queridos y un intenso olor a flores frescas me hacen sentir ahora en un jardín multicolor tan grande como el río mismo, es la última brazada y el top de llegada me produce un gran alivio. Una sensación de euforia y de paz domina todo mi ser....en este momento me doy cuenta que he vencido.
Autor: Florencio Romero
(Ex Nadador de Aguas Abiertas - Raidista - Preparador de nadadores de Aguas Abiertas - Experimentado guía de Maratones como la Santa Fe - Coronda entre otras)

lunes, 19 de noviembre de 2007

Afilar el Hacha

Dos hombres se dedicaron un día entero a cortar leña.
Uno de ellos trabajó sin detenerse a descansar, y juntó una pila de leños bastante grande.
El otro lo hizo durante lapsos de 50 minutos en los que descansó. Al cabo tenía una pila de leños mucho mayor.
¿Cómo pudiste cortar tanta leña? le preguntó el hombre que trabajó si descansar.
Esta fue la respuesta:
"Mientras descansaba, afilaba el hacha".

Thomas Welch

jueves, 25 de octubre de 2007

Credo de un Ganador

Si piensas que estás vencido, lo estás.
Si piensas que no te atreves, no lo harás.
Si piensas que te gustaría ganar
Pero que no puedes, no lo lograrás.

Si piensas que perderás, ya has perdido.
Porque en el mundo encontrarás que el éxito
Comienza con la voluntad del hombre:
Todo está en la actitud mental.

Porque muchas carreras se han perdido,
Antes de haberse corrido.
Y muchos cobardes han fracasado,
Antes de haber empezado su trabajo.

Piensa en grande y tus hechos crecerán.
Piensa en pequeño y quedarás atrás.
Piensa que puedes y podrás,
Todo está en la actitud mental.

Si piensas que estás aventajado, lo estás.
Tienes que pensar bien para elevarte.
Tienes que estar seguro de ti mismo,
Antes de intentar ganar un premio.

La batalla de la vida no siempre la gana
El más fuerte o el más rápido.
Tarde o temprano aquel que gana,
Es el que cree poder hacerlo.

Dr. Christian Barnard (Primer cirujano en realizar un transplante de corazón)

Extraído de "Motivando con textos"

martes, 2 de octubre de 2007

¿Qué es la Natación?

¿Cómo explicarte qué es la Natación? . . .
Cómo explicarte qué es el amor, si nunca te pusiste la remera de tu equipo?
Cómo explicarte qué es el dolor, si jamás te bancaste un entrenamiento de tolerancia?
Cómo explicarte qué es el placer, si nunca te felicitaron por bajar tu tiempo?
Cómo explicarte qué es llorar, si jamás descalificaron a la posta por tu culpa?
Cómo explicarte qué es el cariño, si nunca compartiste podio con un amigo?
Cómo explicarte qué es la solidaridad, si jamás le prestaste tu gorra al que se le rompió?
Cómo explicarte qué es la poesía, si nunca te echaron de un entrenamiento?
Cómo explicarte qué es la amistad, si nunca tuviste una posta?
Cómo explicarte qué es el gozo, si jamás ganaste una prueba o una serie?
Cómo explicarte qué es el pánico, si nunca alcanzaron al último relevo de tu posta?
Cómo explicarte qué es morir un poco, si jamás hiciste un 'consumo máximo de oxígeno'?
Cómo explicarte qué es "tirar juntos", si nunca te toco nadar en la misma serie que un amigo?
Cómo explicarte qué es la soledad, si jamás terminaste de nadar los 1500 ó los 800 último?
Cómo explicarte qué es el esfuerzo, si nunca te mataste por terminar un entrenamiento?
Cómo explicarte qué es el egoísmo, si jamás te tomaste el último trago de agua que quedaba en la botella después de un super-aeróbico?
Cómo explicarte qué es el arte, si nunca hiciste un clavado?
Cómo explicarte qué es la música, si jamás alentaste gritando DALE!!! VA!!! VA!!! VA!!!
Cómo explicarte qué es la injusticia, si nunca te descalificaron aunque tocaste la pared con dos manos?
Cómo explicarte qué es el insomnio, si nunca hiciste un doble turno?
Cómo explicarte qué es el odio, si nunca te tiraste en falso porque se cayó el de al lado?

¿CÓMO EXPLICARTE QUÉ ES LA NATACIÓN?

(Autor desconocido - Publicado en Marea Roja y en otras páginas de natación)

lunes, 10 de septiembre de 2007

El paquete de Agua

Cuenta una antigua leyenda africana, que en un pueblo, vivía un anciano llamado Mancodji con su hija llamada Inguéré. Cuando Inguéré tuvo edad para casarse, que era la más hermosa del pueblo, muchos jóvenes y hombres mayores ricos se acercaban hasta la casa del viejo Mancodji para pedir la mano de su hija. Pero el padre era desconfiado y no quería que su querida hija se casara con cualquiera.
Entonces, para poner a prueba a los aspirantes, les dijo que Inguéré se casaría con aquel que fuera capaz de traer un paquete hecho con agua. Entonces, todos decían:
- ¿Quién ha visto nunca un paquete hecho con agua?. El viejo Mancodji pide algo imposible. Está claro que este hombre no quiere que su hija se case.
Ante esta dificultad, los pretendientes fueron poco a poco disminuyendo. Pero la noticia corrió a los pueblos vecinos y un día se presentó un joven , llamado Tamari, que venía de otra aldea, y le pidió a Inguéré que se casara con él.. Pero Mancodji le dijo:
- Usted ¿sabe que mi hija sólo se casará con quien traiga un paquete de agua?
Pero Tamari, que era muy inteligente le contestó:
- Sí, señor. Y tengo tanto respeto hacia usted que para asegurarme de que nadie le robe el paquete de agua quiero pedirle una cuerda. Así que déme una cuerda hecha con el humo que sale de su pipa y yo lo ataré alrededor del paquete de agua que tengo en mi bolsillo."
El viejo Mancodji, comenzó a reir y felicitándole por su ingeniosa respuesta le deseó que fuera feliz con su hija. Y Tamari e Inguéré se casaron y vivieron felices

jueves, 26 de julio de 2007

El pulpo que no murió

Un pulpo que agonizaba de hambre fue encerrado en un acuario por muchísimo tiempo. Una pálida luz se filtraba a través del vidrio y se difundía tristemente en la densa sombra de una roca.
Todo el mundo se olvidó de este lóbrego acuario. Era de suponerse que el pulpo debía estar muerto y sólo podía verse el agua podrida iluminada apenas por la luz del crepúsculo.
Pero el pulpo no había muerto. Permanecía escondido detrás de la roca. Y cuando despertó de su sueño tuvo que sufrir hambre terrible, día tras día en esa prisión solitaria, pues no había carnada alguna ni comida para él.
Empezó a comerse entonces sus propios tentáculos. Primero uno, después otro.
Cuando ya no tenía tentáculos empezó a devorar poco a poco sus entrañas, una parte tras otra.
En esta forma el pulpo terminó comiéndose todo su cuerpo, su piel, su cerebro, su estómago, absolutamente todo.
Una mañana llegó el celador, miró dentro del acuario y sólo vio el agua sombría y las algas ondulantes.

El pulpo había virtualmente desaparecido.
Pero el pulpo no había muerto.

Aún estaba vivo en ese acuario mustio y abandonado.
Por espacio de siglos, tal vez eternamente, continuaba viva allí una criatura invisible, presa de horrenda escasez e insatisfacción.

Sakutaro Jaguiwara (1886-1942)

Poeta japonés. Sus poemas originales poseen una extraordinaria calidad musical. Su obra más importante fue editada en 1917 bajo el título de Ladrando a la Luna.

(Dicen que el que busca encuentra y dando vueltas por el ciberespacio se encuentran cosas como esta. Este cuento lo encontré, buscando el dibujo de un pulpo, en un blog llamado Mondo Pulpo http://mondopulpo.blogspot.com/ y me pareció dolorosamente encantador o dulcemente aterrador...)

viernes, 29 de junio de 2007

Hero y Leandro

... Por tu amor, cruzaría hasta las olas salvajes...Hay en el estrecho del Helesponto dos ciudades en sus orillas, Abidos y Sesto, separadas por ocho estadios de mar. En Abidos vive Leandro; Hero en Sesto. Las parcas parecen destinarlos a la separación, la forma de relación más común entre los mortales. Pero se conocen en un festival en honor a Adonis y Afrodita y, de repente, se aman.
Leandro lleva a Hero al templo y allí le ruega que tenga compasión de su deseo. La besa en el cuello y le dice que está a sus pies derribado por el dios del amor, y que ella, para él, es como una diosa. Protesta Hero y le recuerda que sus padres se opondrán a que se case con un extranjero y que no habrá forma de ocultarse en la ciudad. Pero Leandro, vencido por su amor, le dice:
«... por tu amor, cruzaría hasta las olas salvajes.»
Le pide entonces que encienda una lámpara en la torre para que él, nadando en la oscuridad, encuentre el camino. Y añade que ella es la lámpara de su vida; la estrella que seguirá, olvidándose ya del Guardián de la Osa, de Orión y de toda otra estrella o constelación.
Así Leandro decide estar cada día, y a escondidas, con su amada.

No puede utilizar los útiles barcos curvos, ni chalupas de singlar; sólo resta nadar y eso no lo amilana, ni siquiera el que deba ser por la noche, cuando nadie sospecharía tales hazañas. Al anochecer, Leandro bajaba hasta las rocas que acariciaban la aún tibia arena de la exigua playa, pareciéndole tan difícil que su amor se consumase bajo los designios de los dioses. Dejaba la túnica, el miedo y las sandalias atadas con estrobos en el mismo lugar donde cada día oraba para que aquellos les fuesen favorables. Desnudo, se lanzaba al mar ya tan oscurecido que miedo, por no decir terror, daría al común de los mortales. Tomaba el aire preciso, calmaba su impaciencia, dejaba que el agua se escurriese entre sus dedos cuando levantaba su mano hacia el Olimpo en muda oración y se dirigía veloz como los delfines del Bósforo golpeando el mar con sus flexibles brazos, nadando hacia la otra orilla, al encuentro de su niña de Sesto.

En ella Hero, encendía la antorcha que a Leandro dirigía. También para ella, el nerviosismo se aplacaba con tales rutinas; bajaba hasta el acantilado que tan bien conocía con la antorcha que era la guía se su amado y una capa para que recuperase el calor.

Leandro solía tardar un instante por brazada y más de 1600 daba, pero siempre llegaba y entonces Hero lo cubría con mil besos y llevándolo a su alcoba, le ungía el cuerpo con aceite para quitarle el olor a mar, mientras le decía:
«Reposa en mis pechos el sudor de tu esfuerzo.»

La Aurora nunca sorprendió al novio en el lecho nupcial. Pues se zambullía él en el mar para volver a Abidos mientras aún demoraba la oscuridad, y mientras todavía sentía en su cuerpo las caricias de Hero.

Al llegar el invierno, cambió el mar y hasta los marineros atracaron sus barcos. Pero no detuvo el clima glacial al amor de Leandro. Pronto se ve en manos de olas violentas, en medio de una guerra de vientos hasta que una de esas noches de invierno una violenta lluvia apaga la lámpara en la torre de Hero, y presa de la oscuridad, desorientado y extenuado tras luchar contra las olas incesantes y el mar inclemente, Leandro se ahoga.
Al amanecer del día siguiente, Hero angustiada, acude a la playa intentando recibir noticias de su amado, cuando una enorme ola deposita a Leandro a sus pies ante el terror de la muchacha, al verlo destrozado por las rocas. Hero no puede aguantar aquella pérdida, que lo era todo para ella y decide marchar en su busca, arrojándose a las turbulentas aguas que apenas se habían amansado.

Al buscar esta tragedia griega en Google para poder transcribirla, me sorprendí, al encontrar una referencia a Lord Byron, poeta romántico inglés, que siendo un gran nadador, en 1810, a los 22 años, imitó la hazaña de Leandro, y atravesó los 1960 metros que separan a ambas ciudades en una hora y diez minutos.

Los versos de Byron en "El Corsario" dicen:

"Del negro abismo de la mar profunda
sobre las pardas ondas turbulentas,
son nuestros pensamientos como él, grandes;
es nuestro corazón libre, cual ellas."

[...]
Sólo el infatigable peregrino
de esos caminos líquidos sin huellas,
cuyo audaz corazón, templado al riesgo,
al sordo rebramar de la tormenta
palpitando arrogante, hasta la fiebre
del delirio frenético en sus venas
sintiese hervir la sangre enardecida,
nuestros rudos placeres comprendiera."