viernes, 4 de enero de 2008
Nadando entre palabras
miércoles, 19 de diciembre de 2007
Cuentos de fantasmas

jueves, 13 de diciembre de 2007
Asfixia
lunes, 3 de diciembre de 2007
Nadador...
En este punto exacto donde se confunde lo real con lo irreal es donde comienzo a encontrar el sentido de mi nado, ya estoy llegando a la meta, el tiempo se me vuelve inmenso y cada minuto es una eternidad. El lugar de llegada se mezcla en la mente con recuerdos y cosas queridas que ya no están pero que han quedado grabadas para toda la vida en lo más recóndito de mi conciencia, puedo ver a mi madre en una nube blanca aplaudiendo mi llegada, también a mi vieja abuela con su fe mística prendiéndole velas a sus santos adorados para que todo me vaya bien, veo todo tan nítido y tan cerca que me parece estar con ellos, los muertos viven entre los vivos y también nos ayudan. Estas sensaciones son tan fuertes que estoy casi obnubilado y quisiera quedarme así para siempre, sin embargo lo que prima en mi mente es llegar...llegar... esta idea bulle en mi cabeza hasta convertirse en una obsesión, de repente cambia todo, ya no veo a mis seres queridos y un intenso olor a flores frescas me hacen sentir ahora en un jardín multicolor tan grande como el río mismo, es la última brazada y el top de llegada me produce un gran alivio. Una sensación de euforia y de paz domina todo mi ser....en este momento me doy cuenta que he vencido.
lunes, 19 de noviembre de 2007
Afilar el Hacha
Uno de ellos trabajó sin detenerse a descansar, y juntó una pila de leños bastante grande.
El otro lo hizo durante lapsos de 50 minutos en los que descansó. Al cabo tenía una pila de leños mucho mayor.
¿Cómo pudiste cortar tanta leña? le preguntó el hombre que trabajó si descansar.
Esta fue la respuesta:
"Mientras descansaba, afilaba el hacha".
Thomas Welch
jueves, 25 de octubre de 2007
Credo de un Ganador
Si piensas que no te atreves, no lo harás.
Si piensas que te gustaría ganar
Pero que no puedes, no lo lograrás.
Si piensas que perderás, ya has perdido.
Porque en el mundo encontrarás que el éxito
Comienza con la voluntad del hombre:
Todo está en la actitud mental.
Porque muchas carreras se han perdido,
Antes de haberse corrido.
Y muchos cobardes han fracasado,
Antes de haber empezado su trabajo.
Piensa en grande y tus hechos crecerán.
Piensa en pequeño y quedarás atrás.
Piensa que puedes y podrás,
Todo está en la actitud mental.
Si piensas que estás aventajado, lo estás.
Tienes que pensar bien para elevarte.
Tienes que estar seguro de ti mismo,
Antes de intentar ganar un premio.
La batalla de la vida no siempre la gana
El más fuerte o el más rápido.
Tarde o temprano aquel que gana,
Es el que cree poder hacerlo.
Dr. Christian Barnard (Primer cirujano en realizar un transplante de corazón)
Extraído de "Motivando con textos"
martes, 2 de octubre de 2007
¿Qué es la Natación?

Cómo explicarte qué es el amor, si nunca te pusiste la remera de tu equipo?
Cómo explicarte qué es el dolor, si jamás te bancaste un entrenamiento de tolerancia?
Cómo explicarte qué es el placer, si nunca te felicitaron por bajar tu tiempo?
Cómo explicarte qué es llorar, si jamás descalificaron a la posta por tu culpa?
Cómo explicarte qué es el cariño, si nunca compartiste podio con un amigo?
Cómo explicarte qué es la solidaridad, si jamás le prestaste tu gorra al que se le rompió?
Cómo explicarte qué es la poesía, si nunca te echaron de un entrenamiento?
Cómo explicarte qué es la amistad, si nunca tuviste una posta?
Cómo explicarte qué es el gozo, si jamás ganaste una prueba o una serie?
Cómo explicarte qué es el pánico, si nunca alcanzaron al último relevo de tu posta?
Cómo explicarte qué es morir un poco, si jamás hiciste un 'consumo máximo de oxígeno'?
Cómo explicarte qué es "tirar juntos", si nunca te toco nadar en la misma serie que un amigo?
Cómo explicarte qué es la soledad, si jamás terminaste de nadar los 1500 ó los 800 último?
Cómo explicarte qué es el esfuerzo, si nunca te mataste por terminar un entrenamiento?
Cómo explicarte qué es el egoísmo, si jamás te tomaste el último trago de agua que quedaba en la botella después de un super-aeróbico?
Cómo explicarte qué es el arte, si nunca hiciste un clavado?
Cómo explicarte qué es la música, si jamás alentaste gritando DALE!!! VA!!! VA!!! VA!!!
Cómo explicarte qué es la injusticia, si nunca te descalificaron aunque tocaste la pared con dos manos?
Cómo explicarte qué es el insomnio, si nunca hiciste un doble turno?
Cómo explicarte qué es el odio, si nunca te tiraste en falso porque se cayó el de al lado?
¿CÓMO EXPLICARTE QUÉ ES LA NATACIÓN?
lunes, 10 de septiembre de 2007
El paquete de Agua
Cuenta una antigua leyenda africana, que en un pueblo, vivía un anciano llamado Mancodji con su hija llamada Inguéré. Cuando Inguéré tuvo edad para casarse, que era la más hermosa del pueblo, muchos jóvenes y hombres mayores ricos se acercaban hasta la casa del viejo Mancodji para pedir la mano de su hija. Pero el padre era desconfiado y no quería que su querida hija se casara con cualquiera.Entonces, para poner a prueba a los aspirantes, les dijo que Inguéré se casaría con aquel que fuera capaz de traer un paquete hecho con agua. Entonces, todos decían:
- ¿Quién ha visto nunca un paquete hecho con agua?. El viejo Mancodji pide algo imposible. Está claro que este hombre no quiere que su hija se case.
Ante esta dificultad, los pretendientes fueron poco a poco disminuyendo. Pero la noticia corrió a los pueblos vecinos y un día se presentó un joven , llamado Tamari, que venía de otra aldea, y le pidió a Inguéré que se casara con él.. Pero Mancodji le dijo:
- Usted ¿sabe que mi hija sólo se casará con quien traiga un paquete de agua?
Pero Tamari, que era muy inteligente le contestó:
- Sí, señor. Y tengo tanto respeto hacia usted que para asegurarme de que nadie le robe el paquete de agua quiero pedirle una cuerda. Así que déme una cuerda hecha con el humo que sale de su pipa y yo lo ataré alrededor del paquete de agua que tengo en mi bolsillo."
El viejo Mancodji, comenzó a reir y felicitándole por su ingeniosa respuesta le deseó que fuera feliz con su hija. Y Tamari e Inguéré se casaron y vivieron felices
jueves, 26 de julio de 2007
El pulpo que no murió
Todo el mundo se olvidó de este lóbrego acuario. Era de suponerse que el pulpo debía estar muerto y sólo podía verse el agua podrida iluminada apenas por la luz del crepúsculo.
Pero el pulpo no había muerto. Permanecía escondido detrás de la roca. Y cuando despertó de su sueño tuvo que sufrir hambre terrible, día tras día en esa prisión solitaria, pues no había carnada alguna ni comida para él.
Empezó a comerse entonces sus propios tentáculos. Primero uno, después otro.
Cuando ya no tenía tentáculos empezó a devorar poco a poco sus entrañas, una parte tras otra.
En esta forma el pulpo terminó comiéndose todo su cuerpo, su piel, su cerebro, su estómago, absolutamente todo.
Una mañana llegó el celador, miró dentro del acuario y sólo vio el agua sombría y las algas ondulantes.
El pulpo había virtualmente desaparecido.
Pero el pulpo no había muerto.
Por espacio de siglos, tal vez eternamente, continuaba viva allí una criatura invisible, presa de horrenda escasez e insatisfacción.
Sakutaro Jaguiwara (1886-1942)
Poeta japonés. Sus poemas originales poseen una extraordinaria calidad musical. Su obra más importante fue editada en 1917 bajo el título de Ladrando a la Luna.
(Dicen que el que busca encuentra y dando vueltas por el ciberespacio se encuentran cosas como esta. Este cuento lo encontré, buscando el dibujo de un pulpo, en un blog llamado Mondo Pulpo http://mondopulpo.blogspot.com/ y me pareció dolorosamente encantador o dulcemente aterrador...)

viernes, 29 de junio de 2007
Hero y Leandro
Hay en el estrecho del Helesponto dos ciudades en sus orillas, Abidos y Sesto, separadas por ocho estadios de mar. En Abidos vive Leandro; Hero en Sesto. Las parcas parecen destinarlos a la separación, la forma de relación más común entre los mortales. Pero se conocen en un festival en honor a Adonis y Afrodita y, de repente, se aman.Leandro lleva a Hero al templo y allí le ruega que tenga compasión de su deseo. La besa en el cuello y le dice que está a sus pies derribado por el dios del amor, y que ella, para él, es como una diosa. Protesta Hero y le recuerda que sus padres se opondrán a que se case con un extranjero y que no habrá forma de ocultarse en la ciudad. Pero Leandro, vencido por su amor, le dice:
«... por tu amor, cruzaría hasta las olas salvajes.»
Le pide entonces que encienda una lámpara en la torre para que él, nadando en la oscuridad, encuentre el camino. Y añade que ella es la lámpara de su vida; la estrella que seguirá, olvidándose ya del Guardián de la Osa, de Orión y de toda otra estrella o constelación.
Así Leandro decide estar cada día, y a escondidas, con su amada.
No puede utilizar los útiles barcos curvos, ni chalupas de singlar; sólo resta nadar y eso no lo amilana, ni siquiera el que deba ser por la noche, cuando nadie sospecharía tales hazañas. Al anochecer, Leandro bajaba hasta las rocas que acariciaban la aún tibia arena de la exigua playa, pareciéndole tan difícil que su amor se consumase bajo los designios de los dioses. Dejaba la túnica, el miedo y las sandalias atadas con estrobos en el mismo lugar donde cada día oraba para que aquellos les fuesen favorables. Desnudo, se lanzaba al mar ya tan oscurecido que miedo, por no decir terror, daría al común de los mortales. Tomaba el aire preciso, calmaba su impaciencia, dejaba que el agua se escurriese entre sus dedos cuando levantaba su mano hacia el Olimpo en muda oración y se dirigía veloz como los delfines del Bósforo golpeando el mar con sus flexibles brazos, nadando hacia la otra orilla, al encuentro de su niña de Sesto.
En ella Hero, encendía la antorcha que a Leandro dirigía. También para ella, el nerviosismo se aplacaba con tales rutinas; bajaba hasta el acantilado que tan bien conocía con la antorcha que era la guía se su amado y una capa para que recuperase el calor.
Leandro solía tardar un instante por brazada y más de 1600 daba, pero siempre llegaba y entonces Hero lo cubría con mil besos y llevándolo a su alcoba, le ungía el cuerpo con aceite para quitarle el olor a mar, mientras le decía:
«Reposa en mis pechos el sudor de tu esfuerzo.»
La Aurora nunca sorprendió al novio en el lecho nupcial. Pues se zambullía él en el mar para volver a Abidos mientras aún demoraba la oscuridad, y mientras todavía sentía en su cuerpo las caricias de Hero.
Al llegar el invierno, cambió el mar y hasta los marineros atracaron sus barcos. Pero no detuvo el clima glacial al amor de Leandro.
Pronto se ve en manos de olas violentas, en medio de una guerra de vientos hasta que una de esas noches de invierno una violenta lluvia apaga la lámpara en la torre de Hero, y presa de la oscuridad, desorientado y extenuado tras luchar contra las olas incesantes y el mar inclemente, Leandro se ahoga.
Al amanecer del día siguiente, Hero angustiada, acude a la playa intentando recibir noticias de su amado, cuando una enorme ola deposita a Leandro a sus pies ante el terror de la muchacha, al verlo destrozado por las rocas. Hero no puede aguantar aquella pérdida, que lo era todo para ella y decide marchar en su busca, arrojándose a las turbulentas aguas que apenas se habían amansado.
Al buscar esta tragedia griega en Google para poder transcribirla, me sorprendí, al encontrar una referencia a Lord Byron, poeta romántico inglés, que siendo un gran nadador, en 1810, a los 22 años, imitó la hazaña de Leandro, y atravesó los 1960 metros que separan a ambas ciudades en una hora y diez minutos.
Los versos de Byron en "El Corsario" dicen:
"Del negro abismo de la mar profunda
sobre las pardas ondas turbulentas,
son nuestros pensamientos como él, grandes;
es nuestro corazón libre, cual ellas."
[...]
Sólo el infatigable peregrino
de esos caminos líquidos sin huellas,
cuyo audaz corazón, templado al riesgo,
al sordo rebramar de la tormenta
palpitando arrogante, hasta la fiebre
del delirio frenético en sus venas
sintiese hervir la sangre enardecida,
nuestros rudos placeres comprendiera."

El hombre que saca la cabeza del agua,