domingo, 14 de junio de 2009

Decálogo del Nadador Master

En una de mis zambullidas en Google encontré el blog del equipo Master del Círculo Fuerza Aérea de Córdoba, donde publican su Décálogo del Nadador Master.

"DECÁLOGO DEL NADADOR MASTER DEL CFA"

REGALAR una sonrisa cada vez que llegues a la pileta, con ella te sentirás feliz tú y todos los que estén contigo
SOÑAR Y VOLAR aunque andemos dentro del agua, eso nos posibilitará crecer como equipo y como grupo humano.
LLORAR cuando te emociones o cuando una tristeza te lo pida. Una lágrima no es debilidad, ayuda a recuperar una sonrisa y a que el resto del equipo te comprenda.
PERDONAR tus propios errores y los de los demás. Lo importante es dar la posibilidad de pararse y volver a caminar.
INTENTAR todo lo que tu espíritu deportivo haga latir en tu corazón y en tu alma, confiando en que si lo logras, te hará feliz a ti y al resto del equipo.
VALORAR los pequeños y grandes triunfos que te da el deporte y cada logro que hayas tenido en los entrenamientos pues ellos llenarán tu corazón de felicidad.
GUARDAR cada enseñanza recibida, cada afecto compartido con tus compañeros y cada experiencia deportiva como un tesoro, pues siempre te harán sentir vivo.
DESCARTAR todo aquello que pueda dañarte a ti o al equipo o que tengas la seguridad que no tiene sentido.
RESCATAR todo lo que te permita crecer a ti y al equipo y ser feliz con tus compañeros.
COMPARTIR con todos tus compañeros lo mejor de ti y sentir que vale la pena pertenecer a este gran equipo y saber que eres una parte necesaria para su existencia.
No hay muchas palabras para agregar, tan solo mi felicitación para quién o quienes redactaran estas consignas y mi deseo de que todos los equipos puedan poner en práctica este Decálogo.

martes, 19 de mayo de 2009

Algunas personas se ahogan...


Llegué a orillas del río y encontré un montón de gente nadando contra la corriente. Me asombré de que realizaran una competencia con la corriente en contra porque muchos salían del agua cansados de bracear sin ni siquiera haber pasado el punto de partida. "Es el viento" dijo alguien. Si era solo el viento mi suerte podía cambiar.
Yo había ido simplemente a sacar unas fotos a un río que no conocía y la casualidad (que "es amiga de lo imposible" como decía mi viejo) me había hecho llegar minutos antes de la largada de aquella prueba de aguas abiertas. Era en Colón. Las aguas marrones-rojizas del Paraná me hipnotizaban y encontrándome con mi viejo entrenador le decía: "Que pena que no me traje la malla". Él se iba y volvía con un bolso (más casualidad: ¡era el mío!) mientras decía: -"Siempre voy a estar preparado para que vuelvas. Sabés que te necesitamos".
Me hubiera gustado responderle que meses atrás él mismo había elegido apostar por alguien más necesario y que no era yo la que había renunciado sino que había dejado de luchar por un lugar que no tenía. Pero a decir verdad, el lugar lo tenía, aunque era un lugar muy enfermo. Lo que en un principio había sido "causa de deseo" se había convertido en "la causa" de otra cosa o mejor dicho, la causa de otro y no la mía. Demasiadas palabras que se enredan...
Ahogué mis pensamientos una vez más y me vestí rápido la malla; probé entre mis gorras la más cómoda y busqué entre mis antiparras, las mejores. Llegué a la largada con mis zapatos de taco negros (pensar que siempre sueño que voy al trabajo en ojotas) y revolviendo todavía en busca de mis antiparras.
El viento paraba y la corriente en contra se convertía es una ausencia total de movimiento en las aguas. Y entonces me animé a preguntar: -¿cuántos metros son? - 14 km! me respondió una competidora.
Me detuve a reflexionar: ¿será mejor nadar contra la corriente y poder justificar mis fallos en las condiciones de la naturaleza o desafiar a las aguas quietas sabiendo que solo mi cuerpo y mi mente pueden determinar mi avance?
Mientras veía el agua quieta y me sacaba los zapatos el clima se enrareció. El aire se tornó pesado, la atmósfera se volvió marrón, como filtrada en tono sepia y unas nubes oscuras desataron un corriente cálida que empezó a mover las aguas del río hacia la lejana meta.
Entonces alguién me sacudió... -Apurate que ya salieron! Todavía no había encontrado mis antiparras y las que agarré en ese loco frenesí eran las peores...
(me va a entrar agua! me va a entrar agua!)
Me tiré corriendo al río y empecé a bracear. Me costó coordinar la respiración hacia el frente. Mientras mis pulmones se estremecían como en espasmos, ví que pasaba a un nadador y me sentí tranquila: -Ya no soy la última!
Mis pulmones se relajaron y mi cuerpo se sincronizó perfectamente con la corriente. Avancé velozmente por el cálido río, rozando las hojas de los sauces de la rivera. Me sentía tan bien! Extrañaba tanto esa sensación de ser una con el agua y estar conectada con el universo mismo.
En la calidez del agua que me mecía mientras nadaba me fui adormeciendo, hasta que me di cuenta que ya no veía. -Tengo que limpiar mis antiparras - me dije - se me empañaron demasiado.
Pero al sacármelas descubrí la oscuridad de mi habitación y al mismo tiempo recordé una frase de "El Cuerpo" de Stephen King que había estado releyendo en la semana: "Y eso era todo. Sucede. Los amigos entran y salen de tu vida como ayudantes de camarero en un restaurante ¿no te has fijado nunca? Pero cuando pienso en aquel sueño, los cadáveres tirando de mí implacablemente bajo el agua, me parece bien que así sea. Algunos se ahogan, eso es todo. No es justo, pero sucede. Algunas personas se ahogan."

lunes, 18 de mayo de 2009

Del Mar...

El Mar

Antes que el sueño (o el terror) tejiera
mitologías y cosmogonías,
antes que el tiempo se acuñara en días,
el mar, el siempre mar, ya estaba y era.



¿Quién es el mar? ¿Quién es aquel violento
y antiguo ser que roe los pilares
de la tierra y es uno y muchos mares
y abismo y resplandor y azar y viento?


Quien lo mira lo ve por vez primera,
siempre. Con el asombro que las cosas
elementales dejan, las hermosas
tardes, la luna, el fuego de una hoguera.
¿Quién es el mar, quién soy? Lo sabré el día
ulterior que sucede a la agonía.

Jorge Luis Borges

Fotografías: Clark Little

martes, 28 de abril de 2009

De Espejos y Miradas

Miradas. Las miradas propias. Las miradas ajenas. La mirada en el espejo. La Mirada. Maldito concepto lacaniano inagotablemente influyente en mi neurosis. Pero esto no es una clase de psicoanálisis. Es simplemente una manifestación de mis últimos descubrimientos, tan simples, tan absurdos y a la vez tan reveladores.
Toda mi vida me la pasé mirando desde abajo. Sentada en el pupitre mientras la Señorita o el Profesor daban clase parados en el frente. Sentada en la silla o en el piso durante 10 años de Facultad viendo cómo otros desplegaban su saber. Dentro de la pileta, agarrada al borde o parada en la parte baja mirando en espera de las órdenes del entrenador. Sentada en mi escritorio, levantando la cabeza cada vez que mi jefe necesitaba algo.
Obviamente en una posición que no solo producía contracturas cervicales crónicas, sino también una contractura de espíritu que ningún kinesiólogo podría aflojar.
Muchas veces me revelé a esta postura incómoda, pero en esos casos lo único que logré fue que los espejos me devolvieran la imagen de "conflictiva", "depresiva" o hasta "histérica" (lo que resulta casi un elogio para mi neurosis), que terminaba alejándome de todo posible grupo en el que trataba de incluirme.
Cansada de caer siempre en el rol de chivo emisario de la manada, el año pasado pateé el tablero y las fichas cayeron de tal forma que era imposible volver a jugar, al menos con las mismas reglas.
De un día para otro se rompieron decenas de espejos y lo que en un primer momento parecía la nada misma, posibilitó una nueva mirada.
¿Pero cómo enfrentar a "La Vacuidad" sabiendo que Atreyu se llevó el Auryn y se fue con Ártax en busca de otra emperatriz?
La respuesta fue simplemente enfrentarla, bucear en ella hasta lo más hondo, y dejar de alimentarla con lágrimas.
Y las cosas fueron más simples de las que podía imaginar.
Si no me gustaba cómo salía en las fotos, no era cuestión de esconderme, era cuestión de posar y elegir la foto más linda y eliminar el resto (bendita sea la fotografía digital!).
Si mi mirada estaba puesta exclusivamente en la mirada de los demás, no era cuestión de llorar frente a la "no mirada" sino de poner la mirada en otra cosa. (y bienvenidos los libros - "El imperativo del agua" sobre todo -, el cine y hasta Facebook! - jajaja).
Y si no me gustaba ir al cine sola, no era cuestión de llorar mi soledad, sino de buscar cursos donde ver y hablar de cine en compañía de otros, conociendo nueva gente y reflejándome en nuevos espejos, menos distorsionantes. (y bienvenidos a mi vida Guillermo Hernández y Esteban Menis!)
Cada sonrisa a partir de allí fue deshaciendo la oscuridad de a poco y si bien persisten ciertos resabios, porque obviamente el Yin Yang siempre será negro y blanco en perfecto equilibrio; de repente me vi rodeada de nuevos (viejos) espejos que me devolvían una imagen totalmente distinta. La imagen de una mujer que creció, que maduró, que evolucionó, pero sin perder su esencia. Y eso me enorgullece.
No fue fácil pasar del Drama a la Comedia. Es un camino rodeado de angustia, pero a veces resulta cierto que "la angustia es el motor de la cura" (y gracias al significante y al psicoanálisis!)
Cada sábado, cuando me toca entrenar al 1º equipo de Natación de la Facultad de Psicología de la U.B.A. y los observo nadando, aprendiendo, mejorando, me observo a mi misma desde otra perspectiva, con otra mirada y sin duda, a través de otros espejos.
Hace 10 años que vivo sola y pasé por tres departamentos en distintos edificios y zonas de la Ciudad. La semana pasada fue la primera vez que subí a la terraza. Puede parecerles una boludez (y en el fondo lo es) pero no saben lo significativo que puede llegar a ser ver mi propia ventana desde la terraza, y haber dejado de mirar la terraza desde mi ventana, como anhelando que el cielo se filtrara entre las paredes y derritiera los barrotes de mis propias limitaciones.
Desde la ventana, volar parece imposible; desde la terraza uno vuela con la mirada y con el corazón.
Este texto es solo un homenaje y un agradecimiento a cada uno de los espejos que ayudaron a forjar y a sostener esta nueva imagen; cada uno de ellos sabe lo que reflejó o refleja cada día...